Diciembre 2015
Querido diario:
Han pasado 4 meses que deje Chile, 4 meses que he no he tomado este diario, 4 meses que he estado en rehabilitación, 4 meses que extraño a Geoge llevo 90 cartas de el , me prometió escribirme pues así lo ha hecho , tengo tantas cosas que escribir , este centro de rehabilitación me cambiado la vida y la d mi familia puedo ver grandes avances en mi cuerpo pensó 45 kilos con 20 gramos , mi madre está muy contenta he dejado mi delgadez severa 

Me veo ahora; irreconocible. Me miro al espejo y me cuesta reconocerme en la imagen que se refleja ante mí. Pero soy yo, un nuevo yo, resurgido de las cenizas, las cenizas de las llamas que me fueron destruyendo durante muchos años. 

Renuncié al pecado, a la tentación, y me deshice de las llamas que me consumían para convertirme en lo que soy ahora.

No puedo engañarme, todo lo que me hace daño sigue estando ahí. Todos los motivos que me hicieron adentrarme en el tenebroso mundo de la anorexia están ahí, no han desaparecido, y no lo harán. Pero he aprendido a convivir con ellos. 

Utilicé mi anorexia como un modo de enfrentarme a mis miedos, creyendo que de ese modo dejarían de hacerme daño, dejarían de amedrentarme. Pero me equivoqué. Los miedos no desaparecieron, sólo cambié mis miedos por otros nuevos. Aprendí a no temer a la muerte, a no temer al paso de los años, a no temer al constante cambio de las cosas, a no temer a la volatilidad del mundo. Pero nuevos miedos nacieron que me hacían el día a día cada vez más difícil. 



Y estoy aprendiendo a apreciar mi cuerpo. Sé que nunca llegará el momento en que diré “estoy satisfecha con mi cuerpo”, no sé si por mi propia condición personal o por la única condición de ser mujer. Pero, hoy por hoy, empiezo a aceptar mi cuerpo, a aceptar esa imagen que se refleja en el espejo, a no temer con tanta intensidad una comida, una reunión familiar, el verano; a no temer el cambio natural de mi propio cuerpo, un cuerpo que empiezo a aceptar como “algo” bello por ser tal cual como es. Y me cuesta mucho aceptarlo, pero empiezo a hacerlo 

he obtenido el premio de la eternidad de la vida. Y ha merecido la pena. Es difícil llegar a la conclusión de que renunciar a la tentación de la anorexia, que siempre entendí como algo “eterno”, me fuera a dar la eternidad, pero tenemos que cambiar el concepto erróneo y mirar al espejo desde el otro lado, desde el lado de la realidad en la que la eternidad solo se consigue resurgiendo de las cenizas y viviendo la eternidad de la vida , con los miedos y la incertidumbre que ello con lleva.


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